¿Qué ocurre en Sudán? Sus ilustradores explican la revuelta sudanesa

artículo originalmente publicado EN WIRIKO.

Durante el represivo régimen de Omar al-Bashir, las creaciones artísticas sirvieron para exclamar lo que en Sudán solo podía expresarse en susurros. Con la caída de este dictador y los acontecimientos que le han seguido, es la prensa internacional quien apenas susurra lo que allí ocurre mientras la población sudanesa grita ahora a los cuatro vientos sus reivindicaciones y las ilustraciones que narran lo que sucede se multiplican en la red (pese a los cortes de internet perpetrados por los militares), principalmente tras el hashtag #SudanUprising. En Wiriko hacemos un repaso de los momentos decisivos que han contribuido a este levantamiento a través de las obras de algunos ilustradores sudaneses.

El clamor

No es casualidad que diez días antes de la protesta de Atbara (considerada el punto de partida de la revuelta de Sudán) el ilustrador Abu’Obayda Mohamed publicara ‘Cry of home’. A las tres décadas en el poder de al Bashir, autoproclamado presidente tras el golpe de estado de 1989, las caracteriza la plaga de opresión, violencia, empobrecimiento y corrupción que soportó la sociedad sudanesa, que por último tuvo que ver como en el presupuesto nacional de 2018 apenas se destinaban fondos para educación y sanidad porque la mayoría iba a parar a seguridad y defensa.

‘Cry of home’, Abu’Obayda Mohamed.

A mediados de año, la inflación ya superaba el 60% y la ley islámica o sharía hacía de las suyas en casos como el de Noura Hussein, condenada a muerte a sus 19 años por matar al marido con el que fue obligada a casarse siendo menor de edad y quien la violó.

Un contexto políticosocial que la artista Enas Satir ilustra en la serie ‘Kezan and why they are bad for you’, una radiografía pictórica y personal de los últimos treinta años de Sudán en los que la autora trata de desgranar con precisión los motivos que han llevado a su país a levantarse más allá de la subida del precio del pan.

La gota que colma el vaso

Al noreste de Sudán, en la ciudad de Atbara, un grupo de estudiantes de secundaria descubre atónito que el precio de su comida escolar se ha duplicado de la noche a la mañana (literalmente). Su rabia enclaustrada toma las calles el 19 de diciembre y pronto alcanza a todo el país, a quien no le cuesta identificarse con este hartazgo tras tres décadas de represión, la subida de la gasolina y la decisión del Gobierno de triplicar el precio de un producto básico como es el pan. Fue esto último lo que inspiró al artista AbdulRahman Alnazeer a crear ‘The bread loaf’, una versión adaptada de ‘La creación de Adán’, de Miguel Ángel.

‘The bread loaf’, de AbdulRahman Alnazeer.

Pese al carácter pacífico de las protestas, al menos cincuenta personas murieron a manos del régimen. Sus rostros han sido inmortalizados en las paredes de los edificios donde vivían por la artista urbana Assil Diab, más conocida como Sudalove.

Mural de Assil Diab.

Las kandakas

Casi cuatro meses después, Lana H. Haroun retrata en una de las manifestaciones a una mujer vestida con un tobe blanco (una túnica tradicional sudanesa) que, subida a un coche en medio de la multitud y sus móviles, señala al cielo con su dedo índice en tono desafiante. La potencia del momento trasciende la fotografía y se convierte en viral, y para cuando la mujer resulta ser identificada como Alaa Salah, una ingeniera y activista sudanesa de 22 años, su imagen de aquel momento ya es reconocida como el icono de la revuelta sudanesa.

Que sea una mujer quien simbolice este épico levantamiento no tiene nada de casual. Desde el inicio de las revueltas, y todavía antes desde movimientos ciudadanos de oposición al Gobierno, las sudanesas se han situado al frente. Su papel protagonista se evidencia en trabajos como el de Alaa Satir (hermana de Enas Satir), cuyas sencillas ilustraciones en fondo blanco siempre han estado orientadas al feminismo.

El empuje que las sudanesas han dado a este levantamiento les ha llevado a ser llamadas kandakas, recuperando el nombre que recibían las reinas nubias del antiguo Sudán. Un título que ya había adoptado previamente la artista Yasmin Elnour para las narrativas visuales que recoge su perfil de la red social Instagram Kandaka Khronicles, donde publica sus collages basados en la herencia de Sudán y Nubia.

Quítate tu para ponerme yo

El 11 de abril al Bashir es expulsado del poder. La caída del dictador trajo consigo una especie de euforia reprimida en cuanto los militares que lo habían destituido anunciaban que asumían el poder. La Asociación de Profesionales Sudaneses, que lidera con gran capacidad organizativa esta revuelta, reanuda entonces las manifestaciones contra la idea de permanecer dos años bajo el gobierno del llamado Consejo Militar Transitorio (CMT) y le dice al Ejército que no cesarán hasta que la promesa de abrir la puerta a civiles al Gobierno de transición sea una realidad.

Ilustración de Abu’Obayda Mohamed.

Y así ha sido. Dos meses después, a las protestas y a la sentada situada frente a la sede de la Junta Militar que atraía cada día a miles de personas, se sumaba una huelga general convocada por la Alianza por la Libertad y el Cambio (ALC), principal fuerza de oposición a la que también pertenece la Asociación de Profesionales Sudaneses. Con el apoyo mayoritario y continuado en el tiempo de la población sudanesa, la huelga logró paralizar el país.

La respuesta del ejército no se hizo esperar y cinco días más tarde, el pasado 3 de junio, los manifestantes situados ante sus puertas eran dispersados a la fuerza. El resultado: 118 personas muertas, según el Comité de Médicos sudanés, y 61 según el Ministerio de Sanidad. Y, por supuesto, ruptura de los acuerdos alcanzados en las negociaciones. A la hora de contestar, la Asociación de Profesionales Sudaneses, en cambio, ha hecho de tripas de corazón manteniendo su postura: una nueva llamada a manifestarse pacíficamente y a la desobediencia civil, que invitaba a la gente a paralizar otra vez más el país.

La esperanza etíope

En el tablero internacional Sudán no pasa desapercibido. Vecino de siete países, limita con el Cuerno de África y el Mar Rojo ostentando una posición estratégica sobre la que Arabia Saudí, Egipto y Emiratos Árabes ya se han posicionado respaldando al CMT. Y en cierto modo también lo han hecho Rusia y China, quienes se han opuesto a la declaración de la ONU para condenar la represión del Ejército. Además, a nivel interno los militares cuentan con los movimientos islamistas que confían en que con ellos se mantenga la sharía como fuente de derecho en la futura Constitución. Por su parte, la Unión Africana ha dado un paso más allá frente a la respuesta en forma de comunicados de condena de la Unión Europea y Estados Unidos, y ha anunciado la suspensión inmediata de Sudán de su organismo hasta que el poder sea transferido a un gobierno interino de carácter civil.

Y en la figura de mediador Etiopía ha dado un paso al frente y esta semana ya ha comunicado la aceptación de la CMT y la ALC para sentarse a la mesa de nuevo, después de que los militares liberaran a tres líderes opositores y anunciaran la detención de militares tras la masacre del 3 de junio. Mientras que la oposición, por su parte, y según la mediación etíope, ha desconvocado la campaña de desobediencia civil.

Más allá de la siempre apresurada y mediática etiqueta de revolución con la que suelen calificarse estos procesos de cambio, lo que siga a partir de aquí se puede acompañar también con las ilustraciones que los propios sudaneses crean tras hashtags como #SudanUprising o #SudanRevolts.

La flor del hibisco es considerada popularmente como la flor de Sudán. / Ilustración de Enas Satir.

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