Los conflictos silenciosos

Para Malaui es el Lago Malaui, para los tanzanos es el lago Nyassa y en lengua inglesa se le conoce como el ‘lago Livingstone’, por ser este explorador el primer europeo que lo conoció. Estas son las nacionalidades implicadas en un conflicto terrirorial que después de medio siglo parece comenzar a solucionarse.

Tres países rodean el lago Malaui-Nyassa, pero sólo dos se encuentran divididos en una disputa por él. Desde que en la década de los sesenta se declararan estados independientes, Tanzania y Malaui se encuentran inmersos en una contienda por determinar a quién pertenece el tercer lago más grande de África. La orilla mozambiqueña también delimita con sus aguas, pero Mozambique ha actuado como el tercero en una discordia en la que sólo ha participado como mediador entre unas partes con ninguna voluntad de ceder en la negociación. Hasta ahora.
 
El Gobierno malauí ha anunciado que ya se están llevando a cabo conversaciones diplomáticas ante la “importancia de llegar un acuerdo”. Una importancia que no tiene tanto que ver con esta fuente de agua dulce, sino con el posible oro negro que alberga. Y es que Malaui, con la mayor proporción de costa sobre el lago, abrió la veda a las exploraciones de petróleo desde que en 2012 concediera la licencia a la compañía británica Surestream Petroleum. Para proceder a la prospección, Tanzania ha exigido que se llegue a un acuerdo sobre los límites del Malaui-Nyassa, cuya frontera este país sitúa en la mitad de la masa de agua, acogiéndose al derecho consuetudinario internacional. Y a la vista de la nueva voluntad de diálogo, parece que ha funcionado.

Y esa es la importancia de llegar a un acuerdo. No tiene importancia que más de dos millones de habitantes de dos Estados con altos índices de pobreza subsistan de la pesca de este lago; ni que se estime que alberga más especies endémicas de peces que ningún otro lago del mundo; ni siquiera importa que sea Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO. 
 
Pescador en el lago Malaui-Nyassa / Vía ipsnoticias.net
Cuando Tanzania y Malaui se independizaron y dejaron de ser colonias europeas, ni uno ni otro recuperaron la organización territorial que tenían antes de la ocupación. Un germen de conflictos que se ha extendido por gran parte de África y del que estos países no son excepción. La diferencia es que en el caso del Malaui-Nyassa no se han producido matanzas ni se han puesto en peligro intereses internacionales. Es un conflicto territorial silencioso por el que el negocio del petróleo ha podido entrar sin hacer ruido.
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